Temporada de patos.
Eimbcke abre
con una canción de molotov y así seguirá todo el tiempo llevándonos por lugares
comunes e incluso pasando por clichés
fuertes como el adolescente que dice groserías y se esta descubriendo. Es una
muy buena película del tipo lacónico que
nos recuerda lo bonito que fue crecer y tener amigos empieza con
moko como él dice con k como él dice se queda solo con su amigo
flama por el domingo en su departamento
de una unidad habitacional de Tlatelolco en
la ciudad de México esto es importante remarcarlo pues la estética del
edificio es muy particular y es propia de esas unidades habitacionales. Flama
esta un poco más grande que moko y eso los separa un poco aunque no rompe con
su amistad de años. Todo se va a mover bien hasta que llaman por una pizza y se
las trae un repartidor muy curioso que juega Xbox contra flama por la pizza ya
que no quiere aceptar que llego tarde y que les tendría que salir gratis.
Enseguida crea una enemistad entre flama y el repartidor, esto ocurre
paralelamente a una relación entre moko y la vecina que pidió permiso de usar
el horno de la casa ya que el suyo no servía y bueno esta relación comienza a
crecer hasta que se rompe cuando la vecina le da un beso a moko y no a flama y
él le cuenta a su amigo, motivo por el
cual su relación tiene una ligera ruptura solo para mostrar lo duro que puede
ser crecer y romper con las amistades de la infancia. Todo esto filmado de
forma magistral por Fernando Eimbcke con encuadres simétricos y bien
balanceados en los que parecería estar obsesionado con el two-shot y las fugas
grandes en tomas casi cenitales, me parece una gran película con una gran banda
sonora que nos ubica en la juventud de finales de los 90’s. es una buena
muestra de un cine de autor comprometido con un discurso inteligente y lacónico,
siempre con un discurso visual bien definido. Es una gran película.
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